¡Estoy embarazada!

Todo empieza por una decisión: dejar de usar anticonceptivos. En mi caso, como todas las decisiones importantes que he tomado con mi pareja, la tomamos borrachos en un bar. Llevábamos un tiempo tonteando con la idea de ser padres (él es unos años mayor que yo) pero estaba esperando a que yo diese el último paso. Y esa noche lo di: “Si tú estás dispuesto, yo también”. Cerramos el trato con un beso y… al día siguiente no me quité el anillo anticonceptivo por miedo a que la conversación del día anterior se hubiese perdido en la bruma etílica. Tuve que esperar hasta el domingo que volvimos a casa de viaje para preguntarle si estaba seguro y quitármelo por fin. No es todo bonito, no son todo corazones, fuegos artificiales y estrellitas en los ojos, al día siguiente estaba tan asustada que no le dirigí la palabra en todo el día hasta que por la noche se lo confesé al borde de la histeria. Contra todo pronóstico, me tranquilizó bastante que él sintiera lo mismo y me asegurase que si quería pensármelo mejor, bajábamos a la farmacia a por un nuevo anillo. Esto me dio el empujón definitivo para seguir adelante con la aventura.
Eso ocurrió en agosto, pasaron los meses y la regla venía puntual como nunca antes lo había hecho. Los primeros meses pensaba que me iba a quedar embarazada con mirarme pero, viendo que no ocurría y que se acercaba de nuevo el verano, me concentré más en las vacaciones y casi prefería no embarazarme hasta septiembre (por lo menos). Pero la naturaleza que es muy sabia, decidió que ya habíamos esperado demasiado.
Y así llegamos al jueves 28 de mayo, cuando, a pesar de tener un sólo día de retraso, decido hacerme un test de embarazo (el primero de toda mi vida, que conste, nunca he sido muy paranoica con estos temas) y salen dos rallas como dos soles que indican que hay un bollito en el horno. En realidad no fue así del todo. Cuando mi pareja llegó a casa no tenía ganas de hacer pis, así que nos hicimos la cena, abrimos una botella de vino blanco que nos bebimos entre los dos y me fumé tres cigarros seguidos por si eran los últimos (¿Os había contado ya lo de las decisiones y el alcohol, ¿no?).  Total, que cuando vi esas dos rallitas que confirmaban lo que yo ya me temía me dio un ataque de risa-nervios-pánico que me duró alrededor de una hora, hasta que mi pareja, muy tierno en todo momento, me dijo que se caía de sueño y que ya era hora de irnos a dormir.
A partir de ese momento todo lo que te pasa tiene que ver con el embarazo (y si no tiene que ver, ya lo relacionarás tú). En mi caso las primeras semanas tenía hambre todo el tiempo y además si tenía hambre tenía que comer en ese preciso instante porque me entraban instintos asesinos. Otro rasgo característico es la narcolepsia pasajera. Si estás viendo una serie con tu pareja, que se olvide de ver los capítulos con asiduidad porque te los vas a dormir, sí o sí. Por no hablar de que todas las noches sin excepción tienes que levantarte al baño por lo menos una vez aunque no hayas notado un aumento en tu ingesta de agua y el embrión no mida más de 7 milímetros.
Otro rasgo característico de esta época es un cambio significativo en tus relaciones sociales. Te das cuenta (al menos en mi caso) lo relacionado que está el ocio con el alcohol. No estoy hablando de grandes cantidades de alcohol, pero siempre que quedas con amigos, a no ser que quedes para hacer deporte, es en torno a unas cañas, unos vinos o similar. Si habéis quedado para salir por la noche, mejor no hablar. Cuando estaba de 6 semanas fui al cumpleaños de una amiga donde todos los invitados, sin excepción, iban borrachos. Ahí me di cuenta de lo patéticos que somos en estas situaciones (y de lo poco que aguanto a mis propios amigos cuando van borrachos). Si te lo tomas como una época de conocimiento personal, no está mal.
Y vosotros diréis, ¿qué más dan estos inconvenientes cuando sientes una felicidad constante? Habéis visto muchas películas de Disney. Por supuesto que esa felicidad existe, puedo tirarme horas acariciándome la barriga todavía inexistente, leyendo posibles nombres e imaginando con una sonrisa cómo será mi vida desde el momento en el que tenga a mi pequeño en brazos pero no es todo de color de rosa. Existen esos pequeños momentos de pánico en los que te planteas dónde te estás metiendo, en los que piensas que todavía eres muy joven, que tienes muchas cosas por hacer, que ya “no vas a molar” tanto, que tu carrera profesional va a quedar irremediablemente truncada… Cuando ocurre intento no negarme ninguno de esos sentimientos. Porque estoy asustada y no hago nada con ocultármelo a mí misma, pero siempre que ese miedo no ensombrezca la ilusión, estoy tranquila. No dudo de que es lo que quiero, que ha sido una decisión meditada igual que no me niego que a veces me gustaría meterme debajo del sofá y esperar a que todo pase. Pero es normal (digo yo) si no estuviese asustada significaría que no le doy la importancia que tiene.IMG_20150529_004925

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s