Y se hizo real

Ya llevábamos unos cuantos días a la espera de los resultados. Días de baños en el mar, de paseos por la playa, de paisajes preciosos, de largos silencios y de apoyo silencioso. Esa mañana habíamos llegado muy pronto a la Playa de las Catedrales. La noche anterior habíamos decidido que si no nos daban noticias al día siguiente, esperaríamos a llegar a Madrid (miedito, que se llama). Estábamos tomando un café y leyendo, haciendo tiempo para que permitieran el acceso a la playa, cuando miré mi correo y ahí estaba. Un mail con los resultados de las pruebas. Un mail que decidiría nuestro futuro. Y después llegaron las lágrimas, los suspiros, los abrazos… porque todo estaba bien. Porque los días de angustia habían merecido la pena.

La Playa de las Catedrales siempre tendrá un hueco especial en mi memoria y eso que casi ni la disfruté. No podía maravillarme del poder de la naturaleza reflejado en esas paredes de piedra, cuando tenía el ejemplo vivo de ese poder en mi ombligo. Pero aún así queremos volver y decirle a nuestra pequeña que en ese lugar tan mágico se hizo real.

En esos papeles también nos informaban del sexo. Una niña. Y en ese momento se te pasan por la cabeza todas tus debilidades como mujer que no quieres transmitirle. Toda la fuerza que quieres darle. Mi Valquiria, la llama su padre. No mi princesa, mi Valquiria. Esa sola palabra ya es una buena declaración de intenciones.

Y la vida siguió. Y llegó el momento de la ecografía de las 20 semanas. Volvimos al hospital que tantos malos recuerdos nos traía y esperamos. Y esperamos. Y desesperamos. Dos horas después de la cita que teníamos concertada entramos a la consulta donde se disculparon por su tardanza porque “habían tenido problemas con dos fetos”. Corazón en la garganta y miedo en la piel. Te tumbas en la camilla, coges la mano de tu pareja y miras hacia la pequeña pantalla. Miras por hacer algo, porque ver, no ves mucho. He de reconocer que estaba más pendiente del tono de voz de las médicos. En la anterior ecografía noté la tensión enseguida pero en esta se les veía relajadas, mirando que mi niña tuviera todos los órganos en su sitio. Y los tenía. Y dijeron la palabra que aún hoy retumba en mis oídos y me hace sonreír: NORMAL. 330 gr. de normalidad.

Y desde ese día floto con cada movimiento que noto en mi vientre, cada vez más abultado. Porque es ella la que se mueve. Porque Sya ya es real.

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3 respuestas a “Y se hizo real

  1. Sara, tus palabras me llegan directamente. Me he leído cada entrada; me he detenido en cada punto e incluso se me ha escapado alguna lágrima. Me han dado muchas ganas de abrazarte. Efectivamente el embarazo está lleno de dudas y de miedos que ninguna de nosotras, por mucha experiencia previa que tengamos, te vamos a poder quitar. Aún así, ya sabes que puedes preguntarme lo que necesites. El consejo más útil que te puedo dar es que disfrutes de cada segundo. Efectivamente, te van a dar muchos consejos y, cuando nazca, muchísimos más. Sigue tu instinto y no le des más vueltas. Lo vas a hacer bien. Un besazo muy fuerte y otro para Sya.

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      1. Lo sé, pero confía en la palabra de los profesionales y en los resultados médicos. Entiendo tu intranquilidad, y yo estaría igual. Todo va a quedar en una anécdota, ya veras!

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