Mi superhéroe

Cuando era pequeña, yo tenía un superhéroe favorito. No llevaba capa ni luchaba contra el mal; mi superhéroe llegaba todos los días a casa cuando ya era de noche, cansado después de trabajar durante todo el día. No hablaba mucho, parecía que las muestras de cariño le incomodaban, pero yo, que soy experta en el lenguaje de los que guardan sus emociones en una caja blindada, sabía que no era así. Mi superhéroe tomaba café después de cenar, un poco de coñac y se fumaba un Farias, como los superhéroes de antes.

Conforme fui creciendo, asumí que mi superhéroe de la infancia era una persona normal, con sus muchos defectos y sus muchas virtudes, pero normal, al fin y al cabo. Me di cuenta de que sus opiniones no eran dogma y que, mientras me creaba una personalidad propia, íbamos chocando en más cosas de las que pensaba en un primer momento. Pero mi superhéroe destronado seguía manteniendo el tipo, seguía siendo un pilar fuerte y silencioso que extendía su mano sin armadura sin esperar nada a cambio.

Ya soy mayor y sé que los superhéroes no existen, pero hay momentos en la vida en los que vuelves a creer en ellos. Cuando ves que la enfermedad intenta hacer mella una y otra vez en el cuerpo de una persona y sigue levantándose todas las veces para presentar batalla, vuelves a creer en ellos. Cuando las noticias no son las esperadas pero sólo ves determinación en una mirada, vuelves a creer en ellos. Cuando todos los de alrededor se muerden los carrillos para no llorar y esa persona sigue fuerte, como un pilar indestructible que sustenta a todos, vuelves a creer en ellos.

Los superpoderes de mi antiguo superhéroe son mucho más modestos que los de las películas. Fuerza, para sobrellevar una etapa dura con entereza y ganas. Humildad, para darte cuenta de que no puedes con todo y dejarte ayudar. Una visión amplia, para ser capaz de disfrutar de las pequeñas píldoras de felicidad que te regala la vida. Generosidad, para preocuparte por los demás cuando el dolor lo impregna todo.

¿Alguien cree que estas cosas no son superpoderes? Eso es que no conocéis a mi padre…

Manos padre

 

3 respuestas a “Mi superhéroe

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