​El corporativismo masculino

Roles

Parece que, últimamente, la sociedad se preocupa más por el feminismo, o al menos esa parte de la sociedad que me rodea, claro. Pero, a la vez que se multiplica el interés por esta corriente de pensamiento comienzan a surgir, por otro lado, una reacción a ese feminismo que, si yo no lo denominaría machismo, si creo que se podría hablar de corporativismo masculino.

Siempre que una mujer (y sí, digo mujer, no persona, porque si es un hombre la cosa cambia) o un medio de comunicación publica en sus redes sociales un artículo sobre violencia de género, por ejemplo, existe una gran cantidad de hombres que se sienten interpelados en cuanto a que pertenecen al género masculino y responden comparando una situación con otra. Las respuestas suelen ir por este camino: “Pues los hombres también sufren maltrato…”, “Es igual la víctima por violencia de género que la muerte de un señor de Cuenca…”, “Y las mujeres que denuncian siendo mentira y destrozan la vida de sus exmaridos…”. Me niego a pensar que todos los hombres que contestan así justifican de algún modo la violencia machista pero se sienten claramente atacados cuando se habla de feminismo.

Le he dado muchas vueltas y creo que algo falla en nuestra comunicación. Y sinceramente, me importa poco que el fallo esté en el emisor o en el receptor. No está la cosa como para buscar culpables. Voy a presuponer una buena voluntad en ambos factores de la comunicación y, como ente emisor intentaré ser clara en mi mensaje.

Primero contextualicemos. La realidad es que, históricamente, la mujer ha sido considerada inferior, lo que se ha traducido en varios aspectos:

– No ha disfrutado de los mismos derechos que el hombre, como puede ser el derecho al voto o a heredar.

– Se le han asignado unos papeles acordes al rol de cuidadora y poco apta intelectualmente (Generalmente abandonaban sus estudios a edad muy temprana)

– No ha podido decidir libremente sobre su vida y pasaban de estar controladas por su padre a estar subyugadas al marido.

– Como eran posesión de su marido, nadie veía mal que éste impusiera el correctivo que creyese necesario si su esposa no hacía las cosas como él consideraba que debían hacerse.

Esos son los aspectos que se me ocurren a bote pronto, pero hay más. El caso es que en la actualidad, en la mayoría de países la mujer es igual al hombre sobre el papel. Y digo sobre al papel porque a nivel legal lo es, pero en realidad se siguen reproduciendo patrones que nada tienen que ver con la igualdad entre géneros. Con esto no quiero decir que los hombres sean unos cabrones, lo que quiero decir es que a todos (o a casi todos) nos han educado deficientemente en cuanto a género y sin saberlo nos han inculcado unos roles muy marcados desde la cuna, a los hombres se les enseña a ser fuertes y líderes y a las mujeres a cuidar del hogar y la familia y a tener una imagen impoluta. Y estas cosas, señores, marcan la realidad en la que nos movemos ahora. Una realidad en la que la violencia de género tiene cifras alarmantemente altas (más adelante hablamos de por qué la violencia de género se centra únicamente en los asesinatos de hombres a mujeres y no al revés), en la que la mujer rara vez ocupa puestos de responsabilidad en las empresas, una sociedad en la que la mujer es quien reduce su jornada laboral para atender a su familia, en la que se presupone que ella es quien tiene que cuidar a los hijos y su pareja ayudar en el mejor de los casos… Puede considerarse incluso normal, la evolución, tanto física como de pensamiento, no se produce en poco tiempo, es necesario generaciones para que cambie realmente, pero por eso nos tenemos que esforzar las generaciones actuales por no reproducir la educación de género que nos han dado para que los que vengan detrás no tengan que esforzarse porque les sale solo.

Por otro lado, la legislación en cuanto a violencia de género sólo contempla el asesinato de mujeres a manos de sus parejas o exparejas porque las cifras dicen que somos las mujeres las que lo sufrimos en mayor grado (con una diferencia abismal) llegando a convertirse en un problema de Estado. Y esto es así, de nuevo, por la nefasta educación de género que tenemos, que nos inculcan sin saberlo desde pequeños. No significa que la muerte de una mujer valga mas que la de un hombre, ni mucho menos, es simplemente que las mujeres mueren a manos de los hombres por su condición de mujer, lo que no suele ocurrir al contrario, y eso hay que castigarlo poniendo de manifiesto la razón para que nos demos cuenta y podamos hacer algo al respecto. Ahora bien, ¿es posible que haya más hombres que sufran maltrato psicológico por parte de sus parejas mujeres pero que no denuncien por miedo a ser ridiculizados? La verdad que no me extrañaría pero no se puede legislar de acuerdo a suposiciones. Y digo que no me extrañaría porque si a las mujeres les hace daño esa asignación de roles que hemos mencionado, a los hombres también. Como se supone que tienen que ser los fuertes y los que no lloran, se pueden sentir avergonzados por denunciar un maltrato por parte de su pareja.

En conclusión, ¿qué le diría a un hombre que se siente atacado cuando se habla de violencia de género o de feminismo en general? Le diría que el feminismo no ataca al hombre, sino que necesita del hombre para conseguir lo que se propone, que es la igualdad real entre hombres y mujeres. Ayúdanos a que llegue un momento en el que no sea necesario hacer esa separación por sexos porque nadie se crea con derecho sobre otra persona sólo porque sea mujer.

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