Dentro de mí, habitan dos madres

ratitos soledad

Mi pareja se ha llevado a nuestra hija a pasar el fin de semana fuera. Y yo me he preparado para hacer todas esas cosas que nunca jamás puedo hacer como depilarme con la Silk épil que es algo para lo que no saco tiempo desde hace dos años. Tengo las piernas que parecen las de Sansón. Pero además voy a salir con mis amigas, me voy a pillar un pedo de esos con los que vuelves a casa rozándote con las paredes y me voy a sentar a leer un libro con un café y un cigarro (muñeco de barro).

Que feliz e idílico es todo, ¿no? ¡Pues no! Quiero mucho a mi hija, pero mato por tener un ratito para mí, para no hacer nada especial, sólo escucharme. Es lo que más echo de menos. Y cuando eso ocurre, de repente me encuentro sola en una casa vacía y me siento extraña. No hay gritos, no hay llantos, no hay obligaciones… y aunque esa parte de la maternidad no la eche de menos… hay una parte de mí que tiene ganas de irse con ellos a cambiar pañales, aguantar pataletas (de esas tan guays que os conté el otro día) y despertarse al alba. Pero es que no todo es eso, es fascinante ver cómo cada día aprende algo nuevo, repite lo que tú haces o se le escapa una palabra con esa lengua de trapo tan divertida. Y yo no quiero perderme nada. Soy como Gollum, es mi tesoooroooo. Aunque tampoco me quiero perder a mí, que hay veces que no me encuentro.

Y en esas estamos, deseando la soledad para, al momento, echar de menos el caos. Tengo un sentimiento que muchas veces no sé cómo ubicar ni cómo explicar. Ahora mismo no me imagino un mundo en el que no esté mi hija. Ya está aquí, es una personita que respira, reclama atención y cariño y se hace presente (MUY presente) cada día. Pero, si me hubiesen dicho antes de quedarme embarazada las renuncias tan bestiales que supone tener un hijo, me lo hubiese pensado muy mucho. No digo que no lo hubiese hecho, pero quizá hubiese esperado un par (o tres o cuatro) de años. Pero si ahora me preguntan ‘¿Volverías atrás?’ mi respuesta sería NO. Ahora no puedo volver atrás, ya conozco a Sya y eso es algo que no puedo cambiar, ni quiero.

¿Y qué saco en claro de esta paja mental que os acabo de soltar? Pues que todos tenemos contradicciones y necesidades contrapuestas y hay que aceptarse e intentar satisfacer todas esas necesidades en su justa medida. El querer tener un rato para ti misma no te hace mala madre, igual que no te hace menos independiente el querer pasarte todo un día abrazada a tu progenie, que por algo la has parido. Así que, progenitores (que difícil es usar el lenguaje inclusivo, coñe), quered mucho a vuestros hijos pero no os olvidéis de quereros a vosotros que luego los niños crecen, se van, y os meten en un asilo a la que os descuidéis 😉

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