La débil fuerza de Frida Kahlo

Fridda

Siempre me ha fascinado la figura de Frida Kahlo pero un día, hablando sobre ella, me di cuenta de que no conocía nada más allá de las frases manidas que circulan en las tertulias de café. Y pensé que ya iba siendo hora de hablar con propiedad, algo que, por otro lado, se estila poco en este país/mundo. Por eso, fui a la librería y compré una biografía de la pintora mexicana.

Más que una mujer fuerte, Frida fue una persona con una fortaleza inusitada puesto que tuvo que convivir con el dolor durante gran parte de su existencia y siempre mantuvo intactas sus ganas de vivir y de dejar una huella en el mundo. Con 6 años fue víctima de la poliomielitis, lo que le dejó unas secuelas físicas de por vida. Pero sus desgracias no acabarían ahí, ya que con 18 años tuvo un accidente de autobús del que salió con vida de milagro. La columna rota, la pelvis también, la pierna partida en mil pedazos… daños que la acompañarían durante toda su vida y que provocarían (o al menos propiciarían) su muerte casi 30 años más tarde. Así, postrada en una cama, fue cuando comenzó a pintar y sobre todo a pintarse a sí misma. No soy una gran apasionada del arte y no hice mucho caso a los pasajes de su biografía en los que trataban su producción pictórica, pero si algo puedo extraer de ellos es que plasmaba sobre el lienzo sus verdaderos sentimientos acerca del sufrimiento que padecía, tanto físico como emocional, ya que, de cara a la galería, simulaba ser una mujer fuerte y feliz (aunque no tenía reparos en quejarse en su correspondencia privada).

La fortaleza que exudaba en cuanto a sus problemas físicos no era ni mucho menos la misma que demostraba en asuntos amorosos. Esta fue la mayor ‘decepción’ que sentí al leer su biografía. Ya sabía que su matrimonio con el muralista Diego Rivera no había sido fácil ni feliz, pero la idea que yo tenía de mujer fuerte y liberal se me resquebrajó. Inmersa en una relación tóxica en la que las humillaciones se sucedían en forma de infidelidades, Frida Kahlo demostró ser una mujer insegura y carente de afecto que buscaba en su marido una estabilidad que nunca llegó a tener. No fue hasta el segundo matrimonio con Diego (se divorciaron después de que este tuviera una aventura con Cristina, hermana de Frida y se volvieron a casar dos años más tarde) cuando la mexicana recuperó parte de confianza en sí misma y le pagó con la misma moneda. Pero ni por esas. Frida seguía sufriendo por las infidelidades de su marido y a esto tenía que añadir el agobio que le suscitaban los celos de este. Ni fortaleza ni libertad sexual y emocional. Frida mantenía una relación de dependencia con Diego.

Todos tenemos luces y sombras en nuestra propia biografía. Nadie (o casi nadie) sigue al pie de la letra los preceptos que defiende puesto que las contradicciones vienen impresas en nuestra propia naturaleza humana. Pero a pesar de las contradicciones en la vida de Frida, ella siguió defendiendo su derecho a la independencia, a ser reconocida por su propio trabajo y no como mujer de Diego Rivera. Siguió siendo fuerte a su manera.

Sí, después de empaparme de las vivencias de Frida Kahlo, puedo decir y esta vez con propiedad, que sigue siendo para mí el símbolo de fortaleza que era antes. Pero, por otro lado, ahora que conozco su gestión de las emociones y su falta de autoestima, puedo decir que me parece horrible. Esto no es sino la constatación del peligro de idealizar a ciertas personas que no dejan de ser eso, personas con sus propias miserias.

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