Mamá costurera

Mama Costurera

Me he convertido en una de esas madres que hace a mano el disfraz de sus hijos. Pensé que nunca lo haría y cuando veía a mi cuñada lograr una americana perfecta con una bolsa de basura me mordía los nudillos pensando que jamás sería capaz de hacer eso. Pero vaya si lo soy. Todo tiene una explicación. Resulta que el otro día me llegó un papel de la guardería anunciando que el viernes 16 de junio sería la fiesta de final de curso y a la clase de mi hija le tocaba ir de personajes de ‘El Mago de Oz’. Podría haber ido a una tienda de disfraces y comprar uno de Dorothy, del león cobarde, de espantapájaros o del hombre de hojalata, pero me parecía muy manido. Me queda muy poquito tiempo para ser yo quien decida estas cosas, enseguida llegará la tiranía del rosa y de las princesas y, si no quiero coartar la libertad de elección de mi hija, tendré que ceder. Pero ahora soy yo quien elige, y no me apetecían los típicos disfraces.

Hablando con uno de mis mejores amigos me dijo medio en broma: “¡Disfrázala de baldosa amarilla!”, y yo vi la luz. Es un disfraz original y nada pasteloso. Pero tan original es, que no iba a encontrarlo en ningún sitio. Así que me dije: “Venga Sara, que tú puedes”. Lo primero fue pensar cómo quería el disfraz. No podía ponerle un par de cartulinas pegadas entre sí, porque mi pobre no podría ni entrar por las puertas y ya que anda como un pato mareado no es cuestión de añadirle dificultades extra. Así que me dije: “Ropita amarilla cómoda y fresquita, y andando”. Pero claro, sólo con eso podía ir disfrazada de baldosa amarilla o de chaleco reflectante, lo mismo daba. Pensé en ponerle un cartel: ‘Sigue el camino de baldosas amarillas’, pero en su pequeña espaldita no cabía tanta letra. “¿Y si lo acorto? Sigue el camino…”, pero entonces parecía una frase de autoayuda o una proclama religiosa, y me salió una roncha muy fea en la cara. Y así fue como, después de mucho pensar y de darme crema contra la urticaria, se me ocurrió una gran idea: ¡Coserle unos zapatitos rojos en la misma camiseta! Y ya si no lo pillan no es culpa mía, es que la gente tiene muy poca imaginación.

Salí a la calle dispuesta a comprar todo lo que me hacía falta y ahí me encontré con mi primer problema: no había camisetas amarillas lisas de la talla de mi hija por ningún lado. ¡No hay problema! Cojo una camiseta mía y se la encojo por todos los lugares posibles, como veis en la imagen:

Camiseta

Lo que sí compré fue una falda de tul amarilla ya hecha. Iba a comprar la tela y hacerla yo, pero una amiga me abrió los ojos: “Tía, tienes faldas de tul ya hechas en cualquier chino por 3 euros”. Pues también tienes razón, que tampoco soy tan abnegada. La falda era un poco grande, pero la corté (siguiendo una línea no tan recta como me hubiera gustado) y arreglado.

Ahora llegaba el momento zapatitos. ¿Cómo lo hacía? Miré unos cuantos tutoriales de YouTube, pero ninguno se ajustaba 100% a lo que yo quería. Así que me dije: “A echarle imaginación”. Cogí un zapato de Sya para dibujar el contorno en un pliego de goma eva rojo con purpurina, lo hice más pequeño (porque no le iban a caber dos zapatos de ese tamaño en la camiseta) y lo recorté. Les hice un agujerito en el interior y cogí unos calcetines blanco roto calados (que compramos en un momento de necesidad, en un viaje al que no habíamos llevado ni un sólo calcetín y sólo encontramos de esos horribles con agujeritos) y los metí dentro del agujero. Los cosí a la silueta del zapato y le puse por encima una tira. Me he explicado fatal, pero este es el resultado, a ver si se entiende mejor:

Zapatos

Pensé en otro pequeño detalle, para darle el toque final al disfraz: tenía que ponerle algo en el pelo. Sya no soporta los gorros así que tenía que ser algo pequeño que le pasara desapercibido y pensé en una horquilla. Como no encontré ninguna que me gustase, compré una dorada y le añadí una flor hecha con el tul sobrante de la falda. ¿Y como hice la flor? Esta vez sí que me ayudaron los tutoriales de YouTube. Y así quedó el experimento:

Horquilla

Y con este detalle culminaba mi obra de arte, mi hija iría a la guardería disfrazada de baldosa amarilla en un océano de Dorothys, leones y espantapájaros. Todavía es muy pequeña para volver a casa traumatizada porque ningún niño sabe de qué está disfrazada, así que me permito esas licencias. Ya llegará el momento de los volantes. Y los lazos. Llegará, llegará…

Disfraz-completo

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