La falda de volantes

690237_635I49_portrait_HD_4-1

Me despierto con un dolor punzante en la sien. No debe hacer mas de cuatro horas que me he acostado. Intento abrir los ojos pero la luz del mediodía que entra a través de las ventanas abiertas no me deja.

La noche ha sido dura. Había quedado con mis amigas para tomar unas cañas pero la cosa se complicó y terminamos en un bar de mala muerte tomando una copa tras otra, como atestigua el sabor a tabaco y alcohol rancio que tengo en la boca. Intento hacer memoria pero no tengo recuerdos muy nítidos a partir de las 3 de la mañana. Son sólo flashazos, pequeños fotogramas de una película etílica. Parece ‘Resacón en las Vegas’ a lo pobre: ‘Borrachera en La Latina’.

Me estiro para desentumecer los músculos y toco algo caliente y blando con mi mano derecha. La retiro rápidamente y la coloco sobre mi vientre todavía con los ojos cerrados. No estoy sola en mi cama… Otra vez. Voy a tener que hacerme mirar esta costumbre de traerme tíos a casa cada vez que sobrepaso un determinado nivel de alcohol en sangre. Y eso que me había prometido a mí misma que nada de hombres durante una temporada…

Abro los ojos lentamente para que se acostumbren a la claridad y me encuentro con una mirada clavada en la mía.

-Buenos días-dice sonriendo.

-Buenos días-contesto con voz de ultratumba. Necesito un poco de agua, tengo la lengua pegada al paladar

Se retira el pelo de la cara, se incorpora sobre un hombro y, sin dejar de mirarme, vuelve a sonreír.

Nunca he sabido controlar las expresiones de mi cara, sería una horrible jugadora de poker, y creo que esta vez no es distinta porque, tras echarme un último vistazo, se levanta y comienza a vestirse. Yo intento taparme entera con la sábana, aunque es evidente que ya me ha visto desnuda, pero ahora soy consciente y me da vergüenza. La educación me puede y no puedo evitar ofrecerle un café.

-No quieres que quiera-dice sonriente. No parece sentirse mal con la situación-. Quizá otro día podamos tomarnos ese café. Cuando se te pase- me guiña un ojo y va hacia la puerta.

Vivo en un estudio minúsculo así que puedo seguir sus pasos hacia la salida. Antes de irse saca de su cartera una tarjeta y la deja sobre la pequeña mesita que hay al lado de la puerta.

-Por si te apetece ese café-dice sonriendo mientras abre la puerta.

-Quizá me apetezca-le contesto incorporándome y dejando que la sabana resbale dejando al descubierto uno de mis pechos.

Está sonriendo mientras cierra la puerta. Cuando me quedo sola, me levanto y me pongo un camisón que está tirado en el suelo al lado de la cama para asomarme a la ventana.

Mientras la veo marchar por las calles abarrotadas y luchando porque el viento no levante su falda de volantes tengo un solo pensamiento: Al final, no he roto mi promesa.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s