Vacaciones con niños, parte 2: Instagram lo carga el diablo

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Si Disney tiene la culpa de las expectativas sobre el amor de varias generaciones, Instagram la tiene de mis expectativas sobre la maternidad. Cada vez que veo esas magníficas fotos de vacaciones familiares, no puedo evitar que se me levante la ceja izquierda. Los niños tan monos, tan sonrosados, vestidos impecables, sentados sobre sus Bugaboos con una sonrisa desdentada. Ellas casi en el mismo plano que sus hijos, con unas cuñas de esparto altísimas, sus vestiditos boho y el pelo al viento con sus ondas surferas impecables (de peluquería, que esas de surferas tienen poco). Ellos, cuando aparecen en la foto, siempre en un segundo plano, pero perfectos, como ese complemento ideal que queda genial con tu outfit de hoy. Se levantan los tres juntos después de una larga noche de sueño reparador en una amplia cama vestida con sábanas blancas, con las arrugas justas para que se note que han dormido, pero cual momias en sarcófagos, sin moverse. Sus fotos de la playa, ideales. Ellas con un bikini que resalta sus tonificadas formas, que no han perdido tras el embarazo, con sus pechos apuntando al sol, nada de dos higos mustios tras un año y medio de lactancia. Jugando con sus retoños en la arena, que salpica levemente sus pies con la pedicura perfectamente hecha, mientras ellas sonríen a esos niños de anuncio de Dodotis. En otras fotos, ellas descansan sobre una hamaca mientras leen ‘El Gran Gatsby’ hojean la ultima Vogue para preparar sus armarios para el próximo otoño, mientras sus niños regordetes juegan sobre la toalla ellos solitos, sin demandar la atención de mamá. Casi me aventuraría a asegurar que esos niños no cagan. Ni ellos ni sus padres.

Claro, con esta idea te vas tú tan feliz de vacaciones. Algo empieza a oler a cuerno quemado en esas maravillosas expectativas tuyas mientras haces la maleta, como ya expliqué en el post anterior, pero te niegas a ver la realidad y sigues pensando que tus vacaciones serán de cuento (o de filtro Valencia). Vale, esas familias ideales se van a Ibiza y tú a Hendaya y Elizondo. No se te ha ocurrido meter cuñas en la maleta (que tienes las expectativas altas pero los tobillos débiles), y en lugar de vestiditos boho, llevas vestidos de algodón con pelotillas del H&M. Tus fotos a lo mejor son menos instagrameables pero serás una versión low cost de la familia ideal.

Y entonces llega la realidad y te da una hostia con la mano abierta.

Vistes a tu pequeño retoño con un modelito ideal y a la media hora, se caga por todo lo alto y te toca ponerle otra ropa que ni es tan ideal ni está tan impecable como la que habías pensado. Tu vestido lo has sacado de la maleta hecho un gurruño pero te crees que sacudiéndolo lo arreglas y en el ascensor, tu hija te restriega la cara llena de migas de galleta y mocos y acabas saliendo con un vestido con pelotillas, arrugado y con churretes, pero todavía puedes salvar la foto tapando el desaguisado con el carro, que no es Bugaboo pero da el pego. Y cuando intentas meter a tu niña preciosa en el carro, muta a niña del exorcista y te dice que al carro se va a subir tu puta madre. Se jodió la foto del carro, pero aún tenemos esperanzas con la de la playa. Y allí que vamos, con el parasol, las toallas, los pañales de agua (que mi hija tiene ano, recordadlo) y la merienda en una bolsa. Pero claro, nada mas llegar te tienes que dar un baño porque el sol pica, así que, para cuando sales y colocas a tu vástago sobre la arena palita en mano para hacer la foto, tarda en rebozarse-te en arena lo que tú tardas en poner la cámara del móvil. Por no hablar de que eso de leer es una utopía porque si te descuidas un momento, se mete una palada de arena en la boca que, a juzgar por su cara de asco, muy buena no tiene que estar.

Lo de hacerte una foto en la cama lo desechas desde el principio que ni las sabanas son tan blancas, ni te apetece dormir los tres juntos si no hay necesidad. Que cuando eso ocurre, la cama por la mañana parece Camboya.

La instagramer que vive en ti, llora en silencio de camino a casa, mientras tu buscas un centro para hacerte la ligadura de trompas de urgencia. Seguro que si miramos las estadísticas, el número de ligaduras y vasectomías crece tras el verano.

Cuando llega la noche y consigues que tu pequeña niña sonrosada se duerma, te pones unas copitas de vino y piensas: ‘¡Ahora es mi momento!’. Y a la hora y media estás pegando cabezadas con la copa a medio beber y te vas a la cama cruzando los dedos para que esa noche duerma del tirón o al menos te deje dormir hasta las 8 de la mañana.

Así que nada, tus vacaciones no han sido documentadas en Instagram porque ahí solo muestra la realidad @celestebarber (y lo sabes), tú vuelves a casa mas cansada de lo que te fuiste, blanca nuclear y con un tic en el ojo derecho que esperas desaparezca con un mes de terapia. Pero no pasa nada, porque esto te ha servido para hacer una limpia de farsantes en Instagram.

Guarderías, que invento más maravilloso…

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