Siéntete libre, hija mía

mujer sola

Hola, hija mía.

Con todo lo que está pasando últimamente, me gustaría darte unos consejos para cuando te sueltes de mi mano y vueles libre. Cuando vuelvas a casa después de una noche de fiesta con tus amigos, no tengas miedo nunca. Es casi imposible que te molesten, impensable que un grupo de chicos te intimide, te grite lo que le gustaría hacerte, te enseñe la polla o se la toque mientras te dice que se la chupes. Inimaginable. Pero si por alguna extraña razón eso te ocurriera, sigues sin tener razón alguna para temer, porque esos gritos sólo significan que les gustas, ¿Y hay algo más excitante que gustarle a un hombre? ¿Hay algo más reconfortante que sentirte deseada por un grupo de desconocidos? ¿Existe algo que te suba más la autoestima que un grupo de hombres alabando el tamaño de tus tetas o la dureza de tu culo? Y si ya alguno se atreve a tocarte, mucho mejor, eso es que le has gustado mucho, muchísimo. A lo mejor hubieses preferido que no lo hiciera, pero bueno, no es para tanto, a todas nos ha pasado y no hay que exagerar.

Si algún día, yendo para casa, te encuentras con un grupo de chicos y te cae bien, siéntete libre de pararte con ellos. De hablar. De tontear. No te preocupes, nunca nadie dará por hecho que les estás alentando para que te agredan. Siéntete libre, cariño, porque todas las personas somos conscientes de que la libertad de uno mismo acaba donde empieza la del siguiente y nunca harían nada que tú no quieras hacer. Pero si por algún extrañísimo motivo ese grupo de chicos decide meterte en un portal y violarte (por poner un ejemplo remoto), sólo cabe una forma de reaccionar: revuélvete como gata recién parida, cierra las piernas, lanza dentelladas, gritos, patadas… que quede claro, clarísimo, que tú no querías. No vaya a ser que luego piensen lo contrario. Y cuando todo termine, cariño, cuando vuelvas a casa o al menos una parte de ti lo haga, llora. No salgas con tus amigos, llora. Ten cuidado con la ropa que te pones, llora. Bórrate de toda red social, llora. No sonrías, no te maquilles, no salgas, no bebas, no fumes… llora. Llora muchísimo y muy fuerte. Porque además de sufrir, tiene que parecer que sufres. No vaya a ser que luego piensen lo contrario.

Tú tranquila, mi vida, porque nunca, nunca, jamás, te llamarán puta por liarte con 1 o con 20. Nunca. Llamarte puta, que estupidez, ¿verdad? Esa palabra no es un insulto. Pero aunque lo fuera, nunca te insultarían por ejercer tu libertad, por hacer lo que te apetezca, cuando te apetezca y con quien te apetezca. Igual que no te insultarán por llevar una minifalda, o un escote. Es imposible que alguien piense que vas ‘buscando guerra’ o, si te pasa algo, nadie jamás osaría decir que tu ropa ha tenido algo que ver. O tu forma de hablar. De reír. De moverte. No te preocupes, mi vida, porque todo el mundo tiene claro que si alguna vez te hacen algo en contra de tu voluntad, tú no tendrás ninguna responsabilidad sobre ese acto.

Así que vive tranquila, mi vida, que la sociedad te protege. Pero si por alguna extrañísima razón eso no ocurriera, nosotros nos encargamos de que sepas defenderte sola. Ya sabes, por si acaso…

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