Carmen Mola, o la inmundicia del ser humano

La Nena, Carmen Mola

Una buena novela negra, es aquella que te hace oler la gasolina, saborear la carne y sentir el rugoso tacto del asfalto. La que te atrapa desde la primera página con una escena impactante y luego te va desgranando los pormenores de un caso con miles de aristas, que se complica con cada página pero que, finalmente, encaja de una forma verosímil. Es aquella que presenta personajes atormentados, pero con buenos sentimientos; capaces de lo mejor y de lo peor; que quieren hacer justicia cometiendo atrocidades. Aquella que te hace leer hasta las 3 de la mañana aunque al día siguiente tengas que madrugar y no te importe en absoluto.

Hacía tiempo que no conseguía engancharme a una novela negra así y Carmen Mola lo ha conseguido. En dos semanas, he devorado ’La novia gitana’, ’La Red Púrpura’ y ’La Nena’, sin tener tiempo para asimilarlo. Cuando encuentro algo que de verdad me gusta, me doy un atracón y luego lloro por no haber sabido dosificar, pero sé que la siguiente vez que encuentre un filón de estas características, volveré a hacer lo mismo.

Cada uno de estos libros tenía una alucinación sensorial propia. Con ’La novia gitana’ tenía que apartarme las moscas a manotazos; sentía su zumbido en mis oídos, su trompa lamiendo curiosa mi piel. Con el segundo libro, ’La Red Púrpura’, era capaz de oler la sangre y paladear su sabor metálico. Con su tercer libro, ’La Nena’, olía a estiercol y orín seco. Oía el gruñido de los cerdos y podía sentir cómo mi pie se hundía en una mezcla de barro y mierda.

Gusanos comiéndose el cerebro de una mujer viva que va notando cómo pierde facultades conforme las larvas oradan partes de su materia gris. Un cuchillo cortando el párpado de otra mujer para que no pueda cerrarlo y sea testigo de las atrocidades que van a hacer con su cuerpo. Dos hombres atados en una pocilga, masturbándose sobre una capa de estiércol.

No son libros aptos para personas sensibles. Bucean en la miseria del ser humano, en la inmundicia mas sonrojante sin un atisbo de sutileza ni pudor. Te coloca frente a frente con lo que las personas somos capaces de hacer y te plantea la disyuntiva: ¿Qué harías tú para sobrevivir? ¿Qué harías por venganza, por salvar a alguien a quien quieres? ¿Qué líneas rojas estarías dispuesto a traspasar? ¿Eres tan honesto, tan cabal como crees?

Carmen Mola, el seudónimo bajo el cual se esconde la autora (o autor) de estos libros, no quiere revelar su identidad, entre otras cosas, porque «no quería que mis compañeros y compañeras de trabajo, mis amigas, mis cuñadas o mi madre supieran que se me ocurría escribir sobre alguien que mata a una joven haciéndole perforaciones en el cráneo para meter larvas de gustano y sentarse a ver cómo le van comiendo el cerebro… No lo entenderían». La ausencia de ego en una persona capaz de recrear con tanta crudeza el lado oscuro de la humanidad es abrumadora. Lo que importa es la novela, no ella. Unas novelas que, a pesar de los horrores que describen, o quizá debido a ellos, son obras maestras.

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